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    ¿El ladrillo nunca baja?

     

    Vemos imposible que los precios del ladrillo puedan estar de aquí a más de un par de años a la baja.

    ¿por qué?  

    sevendes

    Qué peligroso es obcecarse con que el ladrillo nunca baja, no es eso lo que piensan sobre este tema en Chicago. Según un estudio de Beskope, resulta que se espera que a finales de 2008 bajen los precios inmobiliarios desde 2006, más del 27% en Miami, más del 21 % en San Diego, más del 20% en Los Angeles, más del 18% en Las Vegas, más del 16% en Washingon D.C.

    Aquí en España no debemos confiarnos. Todo lo que pasa en EEUU se nos contagia, y nuestra burbuja era mucho mayor que la suya en proporción...

    Hace tiempo el New York Times publicó un curioso artículo.

    Cuenta la historia de Yoshihisa Nakashima, un japonés que se gastó una fortuna en plena burbuja en una casa, y ahora la venta no le cubre la hipoteca muchos años después. Cuenta, cómo el valor inmobiliario en Japón es actualmente la mitad que el de 1991, y cómo algunas ciudades han perdido desde el 1991 a la actualidad un 61% de su valor. No es verdad que el ladrillo pueda bajar, en España estamos quizá bastante equivocados y cegados por la publicidad del sector durante los años de las vacas gordas. El ladrillo es como cualquier otra cosa, y lo sé por experiencia propia. En Suiza viviendas compradas en 1988, valen ahora lo mismo 20 años después. En Alemania igual.

    Vemos imposible que los precios del ladrillo puedan estar aquí más de un par de años a la baja ¿por qué?

    Podemos dar muchas razones, que si aquí hay más emigrantes (lo cual no es cierto, en estos países europeos en concreto hay muchos más que aquí) , que si aquí hay más propietarios, que si aquí ganamos la copa de Europa, pero las cosas no son así, estamos demasiado confiados probablemente a pesar de lo que parece, ahora mismo todo lo que no sea comprarse la casa para vivir debe ser evitado.

    ladrillos

    Leido en el Blog de Marc Vidal

    ¡Compra! que luego lo venderás por el doble...

    "Siempre puedo refinanciar"

    Tod@s conocemos a alguno de esos que cogen el hipotecón, con un sueldecito un 30% mayor que la cuota mensual, y si les dices algo responden: "siempre puedo refinanciar, la vivienda nunca baja".
     
    Les preguntas ¿A cuántos años es la hipoteca?, y resulta que es a 30, cuando no 40.

    Imaginemos que un tal Jorgito Lumbreras llega al mercado inmobiliario en el año 2006, se compra su zulito de Pladur por 200.000 € y lo financia a 30 años. Poniendo un 4% de interés, le sale una cuota de 954 €.
     
    Como le han hecho encargado recientemente en la fabrica, llega ya a los 1.200 € mensuales. Sus padres le han hecho el aval, con su otro zulito, en este caso de los del yugo y las flechas.
     
    Sabe que al principio irá un poco agobiado, pero "es la única forma de meterse", "están todos así", la inflación irá rebajando la cuota, y sobre todo la revalorización lo hará rico!!!.
     
    No va a "tirar el dinero" en un alquiler, de modo que echa la firmita y el banquero lo despide con una palmadita en la espalda.

    Pasan las semanas, Jorgito es feliz en su zulito, se pone unas litografías que compra en un mercadillo, algunos muebles de Ikea, su madre le ayuda a limpiarlo todo, su padre le suelta unos eurillos para comprar un lavavajillas.

    En junio, un anciano extranjero, llamado Trichet, sube el Euribor.
     
    Jorgito cree recordar que el banquero ya le habló de ese tal Euribor, aunque lo hizo de pasada. Decía no sé qué, de que subiría muy poco. La cuestión es que al cabo de pocos meses, la cuota de su hipoteca sube a 1.013 €. Llama al banco y le explican que si su tipo es variable, que si el Euribor, que si la coyuntura, que si tranquilo que está todo controlado.
     
    Jorgito decide apretarse un poquito más el cinturón, ya no desayuna en el bar, las lonchas de jamón las pide finitas, los zapatos los aguanta hasta que las suelas están combadas, el Ford Fiesta lo conduce a puntita de gas. Así y todo, su madre le ayuda a comprar ropa y le suelta algún billete para que salga con los amigos. Vale la pena sacrificarse, porque en esos momentos su piso ya debe valer más, mucho más.

    Jorgito, a veces, cuando vuelve de trabajar, algo cansado, mira el balcón de su zulito, allí en el quinto piso. Es un cuadradito precioso, tan bien delineado, junto a los otros. Ese es su lugar en el mundo. Ahí está la prueba de que sale adelante en la vida. Es, además, el único del bloque que no tiene un cartelito de "Se Vende", lo que prueba que la revalorización es un hecho y todos están recogiendo los beneficios. Él, en unos años, también espera hacer lo mismo, vender y mudarse a un gran adosado en un barrio nuevo. Tal vez cuando tenga novia y lo asciendan a supervisor. Nunca ha sido hombre de grandes ambiciones, pero la prosperidad de España y su último triunfo financiero lo están envalentonando.

    Pero a Jorgito no lo ascienden. Lo que hacen es despedirlo. Hay poca demanda, las obras se están parando, los malditos de Ikea atacan muy duro. Todos los jóvenes con nuevos pisitos quieren comprar barato, nadie compra muebles hechos en España. Jorgito era el empleado más joven, es decir, el más barato de despedir. Así que coge su carta de despido y en pocos días se presenta en el INEM.

    Hay algo de prisa, porque ha cobrado poco del despido y la letra del piso sigue entrando cada mes. En el INEM le dan ocho meses de paro con 800 € al mes.

    Estamos ya en 2007. Jorgito ve en su pequeño televisor un montón de obreros con pancartas por las calles. Se están quejando por el aumento del paro. El Presidente Zapatero hace llamadas a la tranquilidad, esto es una etapa coyuntural, el Estado no abandona nunca a nadie. En el INEM recomiendan a Jorgito que vaya de pinche de cocina, aunque sólo le ofrecen 600 al mes, poco más que la mitad de la hipoteca.

    Cuando se acaba el dinero del despido, los padres de Jorgito le ayudan a pagar la letra. Lo importante es mantener el piso y esperar a que se revalorice. Pepito a veces sale a comprar periódicos o buscar cartelitos con ofertas de trabajo. Al volver mira su pisito, tan alto, orientado al aire calentito del sur. Como tiene tiempo de sobra, ha empezado a caminar más despacio. Eso le da tiempo de observar algunos detalles: los cartelitos de "Se Vende" siguen allí. No los han quitado.

    Jorgito habla con su padre y lo tranquiliza: lo importante es mantener el piso. Ahora mismo en España hay trabajo, y él es un chico trabajador. Su padre hará algunas llamadas a sus amigos para ver si hay algo.

    A finales de 2007, Jorgito vuelve a revisar su hipoteca: debe pagar ahora 1.104 € cada mes. El BCE ha dejado los tipos ya en el 4%, más el 1,25% que le cobra la caja de ahorros, total 5,25%. Esto no hay quien lo entienda. Su patrimonio sube, pero la cuota que paga también. La inflación no erosiona la cuota, como le dijo su amigo en el banco. Tal vez porque la inflación ayuda muy poco a quien no tiene empleo. Lo que sí que inflaciona es la gasolina, la comida, la luz y el agua.

    Los padres de Jorgito se van quedando sin ahorros. Las cosas han subido mucho más que sus salarios. En la calle muchos hablan ya mal del Gobierno. Al fin, el ministro Caldera publicó una mala noticia: era un numerito que casi no se veía, en un rincón de la pantalla del televisor: 13%. El paro está en el 13% y muchos Jorgitos buscan trabajo a cualquier precio. Muchos de ellos son inmigrantes, y otros son españoles que van agotando sus meses de paro.

    Pero muy pronto a Jorgito se le acabará el paro. Sus padres no podrán afrontar su deuda. Tiene una pequeña reunión con ellos: no hay que ponerse nervioso, lo importante es mantener el piso, si lo vende ahora, luego valdrán más y ya no podrá comprar nada. Ha llegado el momento de la refinanciación.

    Jorgito visita a su amigo el banquero. Le choca la mano y le explica que tiene problemas. Las bromas y las risas desaparecen. Una mirada de desprecio se le escapa al buen hombre engominado. Se ponen a hacer numeritos: Jorgito podría alargar el préstamo a 35 años y sólo pagaría 1.041 € al mes. Pero eso es muy poca diferencia. Como Jorgito es joven, entonces se puede alargar el préstamo mucho más, a 50 años: 950 € al mes.

    ¿Cómo puede ser que la cuota baje tan poco? El banquero le explica amablemente, con su bolígrafo, que los intereses ascienden a 875 euros al mes, más el capital que vaya a amortizar según el número de años del préstamo. Jorgito no sabe lo que es "amortizar". Pregunta qué es lo mínimo a pagar. El banquero le responde que los 875 € al mes, en un plazo de "carencia". En ese tiempo, no amortizaría capital, pero al menos saldría del apuro.

    Pero Jorgito no sale del apuro. 875 euros son muchos euros. Él imaginaba que doblando el plazo para pagar, la cuota bajaría a la mitad. El banquero le explica amablemente que eso no es así, porque la parte contratante de la primera parte es igual a la parte contratante de la primera parte. Jorgito asiente y sale del banco. Llama a sus padres y luego va a cenar con ellos. El banquero también hace una llamada a su superior: hay un posible moroso.

    En la cena, Jorgito y sus padres tienen un amargo debate. Podrían alquilar el piso, mientras Jorgito vuelve a vivir con ellos. Sería una solución transitoria hasta que encontrase trabajo y, como prometió el banquero, el dichoso Euribor bajase. Pero el alquiler no llegaría a los 500 €. A la gente no le gusta "tirar el dinero" en un alquiler y paga poco. Además, si no se encuentra inquilino enseguida, van a tener problemas para pagar. Jorgito no puede pagar 375 euros al mes por la hipoteca, mientras vive con sus padres y tiene un inquilino disfrutando de su zulito. Eso no es viable. Se habla de vender su Ford Fiesta, que ya no utiliza porque no puede pagar la gasolina. Pero el viejo Ford Fiesta apenas vale 600 €. Es casi chatarra. Todo el mundo compra ya como mínimo compactos seminuevos km. 0.

    Jorgito mira el telediario con sus padres: parece mentira, con lo bien que va España, lo que le cuesta a él encontrar trabajo. Debe de ser que no sabe buscar. Tiene que moverse más, patear las calles. Algo hay que hacer.

    Su padre, por su parte, comienza a recordar viejos tiempos: recuerda las escaseces de la posguerra, la crisis del felipismo, recuerda aquel 23% de paro de no hace muchos años. La realidad comienza a estrecharse como un embudo. Poco a poco, van quedando menos opciones. El banco embargará el piso si no pagan, y entonces lo perderán todo, toda la revalorización.

    Es el momento, entonces, de vender el zulito y disfrutar de la revalorización. Mientras tanto, volverá a vivir con ellos. Jorgito en principio se niega, opina que si vende luego no podrá volver a comprar, los pisos subirán siempre. Su padre le responde que él ha vivido muchas cosas ya. Jorgito no quiere creerle. Su padre insiste en que tal vez ZP hará algo por ellos, una VPO. Al fin y al cabo, si Franco lo hizo, un líder socialista de buen talante como ZP no podría hacer menos. Jorgito comienza a aceptar que tal vez, en un futuro muy lejano, cuando la actual prosperidad de España sea historia, los precios podrían tener un "aterrizaje suave" y él comprar otra vez. Lo importante es que desde casa de sus padres podrá buscar trabajo tranquilamente. Y ese dinero lo guardará en algún sitio seguro.

    Después de pasar una mala noche, con algunos remordimientos, Jorgito pone el cartel de "Se Vende". Hace unos días que el ojo izquierdo le parpadea involuntariamente. También nota un cierto ahogo cuando suena el teléfono. Está esperando contratos, pero sólo lo llaman del banco para preguntarle qué decisión ha tomado acerca de su refinanciación. De momento, seguirá pagando a 30 años, no hay mucho que refinanciar.

    Cuando acaba de colgar el cartel, sale a la calle a mirar si se ve bien desde la acera. Ha elegido un modelo diferente al de sus vecinos, para hacerlo destacar. El suyo tiene un diseño innovador, de una empresa que se está forrando. Los cartelitos de los pisos de al lado, en cambio, están amarillos y quemados por el sol. Está claro que su piso se venderá el primero.

    Como lo compró por 200.000, le parece lógico pedir 250.000, teniendo en cuenta que hace ya un año y medio que se ha estado revalorizando.

    Pasan las semanas, luego los meses, y los compradores no aparecen. Lo que sí que le aparecen a Jorgito son más arrugas en la frente. A veces se mira en el espejo del cuarto de baño y nota que sus cabellos son más finos y escasos. El nudo en la garganta que sentía al responder al teléfono, ahora lo siente cada vez que pisa la calle. Hay algo que no marcha bien.

    El del banco llama repetidas veces. Se acumulan ya dos impagos y la situación no es nada buena. Le avisa de que puede ejecutar la hipoteca. Jorgito responde que es cuestión de tiempo, que la revalorización lo pagará todo e incluso le dará beneficios. El del banco guarda silencio. Tiene algunas cifras que a Jorgito no le gustarían pero decide callar de momento.

    Jorgito toma una decisión importante: rebajará 20.000 € el precio. Cambia el cartel, cambia los anuncios en los periódicos. Contrata otra inmobiliaria.

    La nueva inmobiliaria le asegura que no puede vender su zulito por encima de 210.000 €. Jorgito se enfada y les cuelga. Han pasado tres meses y no ha recibido ninguna oferta.
     
    En la televisión se ve a ZP prometiendo más y más viviendas a los jóvenes. Es la campaña electoral de 2008. España tiene un magnífico futuro, avalado por las cifras de prosperidad y empleo.

    Jorgito no entiende nada. Sólo ha recibido dos ofertas de empleo por 600 € al mes. En su antigua carpintería, han despedido a dos empleados más.

    Jorgito decide llamar a la otra inmobiliaria y vender el piso por 210.000 €. Los nervios no le dejan ya dormir. Su jugada del piso tal vez no fue muy acertada. El de la inmobiliaria le explica que las cosas andan mal y que se prepare para más rebajas. Eso era lo último que quería oir, pero esta vez no se enfada.

    En dos meses más, el banco está preparado para ejecutar la hipoteca. Llaman para informarle, con muy malos modos. El banquero ya no es tan amigo, de hecho ni le coge el teléfono. En su lugar le han puesto a una especie de cobrador del frac con una voz como de sepulturero.

    Jorgito llama todos los días a la inmobiliaria. No hay ninguna oferta. Decide al fin aceptar el trabajo de 600 €. El único problema es que deberá desplazarse al otro lado de la ciudad cada mañana en autobús y comer fuera. Su madre se ofrece a hacerle bocadillos.

    Pronto se traslada al piso de sus padres y avisa a la inmobiliaria de que el piso ya no está en venta: está en subasta. El banco lo liquidará y con eso se cancelará la hipoteca. En el fondo, Jorgito está aliviado, será bueno quitarse el muerto de encima. Su aventura inmobiliaria es una lección que no olvidará.

    En pocos días lo llaman del banco: su piso se ha vendido por 80.000 €. La burbuja está pinchada, los precios caen, están ejecutando muchas hipotecas, no se ha podido sacar más dinero. El banquero es por primera vez sincero con Jorgito. El problema es que le ha faltado por decir una cosa: las cajas están también amenazadas de quiebra por los impagos.

    Jorgito pregunta qué va a pasar ahora.
     
    El banquero responde que ahora no pasa nada, que su cuota a 30 años se reduce a tan sólo 662 €, que pagará más cómodamente. Aunque, si no paga, le embargarán su nómina, tal y como constaba en la letra pequeña del contrato que firmó al hacerse con la hipoteca.
     
    La madre de Jorgito, entonces, pasa varios días llorando. La mujer está como envejecida, con la piel muy arrugada. Cuando Jorgito va al lavabo, se encuentra un montón de pelos suyos. Hace semanas que toma pastillas para dormir, pero aún así los complejos de culpa no lo dejan en paz.
     
    Está condenado a pasar 30 años pagando 600 € al mes por absolutamente NADA.

    HORCA-3

     
    No habrá revalorización, no podrá irse de alquiler, no habrá ascenso en el trabajo, no habrá una novia, tan sólo una piedra pesada atada al cuello, con la que tendrá que vagar hasta los 60 años, a las puertas de la jubilación.

    Entonces, pone la televisión: después de ZP prometiendo VPO aparece una breve noticia: Trichet vuelve a subir los tipos.
     
    "Jorgito, ¡compra! que luego lo venderás por el doble..."

    Esta era la frase que hace unos años corría de boca en boca en España.
    Y nuestros padres compraron y abandonaron el alquiler, cargándose este mercado.

    Antes se vivía bien de alquiler y todavía quedaba dinero para muchas más cosas.

    "Jorgito, ¡compra! que luego lo venderás por el doble..."

    Decían nuestros padres, según para quien, nuestros abuelos...sin reparar que a quien se lo iban a vender al doble era a la siguiente generación, es decir, a sus propios hijos y a los hijos de sus hijos.

     
     

    Leido en le blog de Alberto Noguera

    100.000.000€ a la papelera

    Los 2 grandes partidos políticos gastan 

    ¡100 millones de euros en propaganda electoral!

    Un dineral que va a la papelera que es donde va normalmente esa propaganda.

    La campaña de las presidenciales en EEUU parece que va a superar los 1000 millones de dólares. Sólo Hillary Clinton ha conseguido recaudar, al parecer, más de 140 millones. En España, la situación no es muy diferente: los dos partidos grandes se gastan casi 100 millones de euros al año, según el Tribunal de Cuentas. Mientras tanto, la mitad de la población del globo, 3000 millones de personas, intenta sobrevivir con menos de 2 dólares al día.

    tv-papelera

     

    La nuestra es la sociedad del consumo. Por eso, la mayor parte del gasto electoral va a parar a spots publicitarios, folletines, banderas, merchandising, etc.

    Tenemos que tener cuidado con que la política no se convierta en un circo. La democracia la cuidamos cada uno de nosotros como ciudadanos, como si fuera una planta que tenemos que regar. En primer lugar, estando informados, no siempre necesariamente por los canales tradicionales. En segundo lugar, teniendo el tiempo para reflexionar, por separado o comunitariamente, sobre los hechos, las actitudes y las palabras. Y por ese orden de importancia, diría yo.

     

    Leido en: Porunmundo+justo.com

    No deje usted de consumir, que se jode todo.



     

    Así de débiles son los principios de la economía global.

    Los tiempos cambian, las crisis económicas se repiten, pero para que el chiringuito siga funcionando, hace falta mirar al frente, siempre al frente. No vaya a ser que nos entren dudas.

    Dice un artículo del periódico Cinco Días: « Durante años, la economía mundial ha bailado al son que marcaban los consumidores estadounidenses. La confianza de los hogares de aquel país ha sido determinante para que el resto de las economías mantuviera sus cotas de crecimiento. Estados Unidos era (y aún es) la mayor economía del planeta y su consumo interno aportaba más de dos tercios de su crecimiento.

    De ahí el dicho que afirma que cuando Estados Unidos estornuda, Europa se constipa.

    Estados Unidos ha estornudado, aquejado del virus de la crisis hipotecaria, alimentado por años de tipos de interés muy bajos. El descenso del consumo interno será con toda probabilidad la consecuencia directa de un encarecimiento de las hipotecas, del aumento de los embargos y de la destrucción de empleo. Habrá, pues, desaceleración y aún está por ver si la primera economía del mundo entra en recesión... igual que unas zapatillas o simplemente una cancion que se pone de moda alli irremediablemente llega a nuestro pais, esta, como tantas otras modas hara su aparicion cuanco menos lo esperemos o mejor dicho cuando peor nos viene. 

    Compremas

    Sin embargo, de un tiempo a esta parte el mapa del crecimiento mundial se ha trastocado. Han aparecido actores de peso creciente que pueden salvar al mundo de la recesión. En este reequilibrio de la balanza del crecimiento, China, Rusia, Turquía, India o Brasil tienen cada vez más que decir y, sobre todo, mucho que aportar. Porque la fuerte demanda que generan en todo el mundo comienza a ser superior que la del consumidor estadounidense.

    Dice Goldman Sachs, que si el mundo entra en recesión no será por la falta de crecimiento en Estados Unidos, sino porque China haya entrado en crisis. ’Nuestros últimos indicadores sugieren que China, si acaso, se está acelerando’, apunta el banco de inversión. Y añade: ’Uno podría incluso decir "Menos mal que tenemos a China". »

    Cinco Dias, Miguel Rodríguez (11-09-2007)

    Así de débiles son los principios de la economía global.

     optimism

    No deje usted de consumir, que se jode todo.

    Leido en: Consumehastamorir.com

    Se venden pisos a precio de coste

     
     

    Obrasevende

     

    El objetivo es vender a tiempo antes de que la máquina de la construcción se pare del todo. Y lo peor llegará después de las elecciones.

    Carteles enormes, a pocos metros de la autovía, lanzan un mensaje desesperado: “Se venden pisos a precio de coste”. Al menos tres con el mismo mensaje se pueden leer en el trayecto de la autopista A-1 en su recorrido por la provincia de Burgos. Y no menos estremecedor es el ritmo al que se trabaja en una promoción de una población como Colmenar Viejo (al norte de Madrid) para levantar en tiempo récord una gran urbanización.
     
    El objetivo es llegar tiempo, vender a tiempo, incluso sin margen, antes de que la máquina se pare del todo.

    Mientras algunos todavía hablan de la demanda embalsada que salvará al sector a medio plazo por que la demanda no puede desaparecer de un día para otro, otros no se andan con chiquitas y reconocen como Metrovacesa, que lo peor puede estar por venir. Se rompen preacuerdos de compra que destejan la red de seguridad que el boom había dado a las promotoras y, sobre todo, se extiende la sensación entre la ciudadanía de que esto no ha hecho más que empezar.
     

    La nómina de mi padre

     
    La nómina de mi padre

    La nómina de mi padre en diciembre de 1979 era de 38.000 pesetas.

    Él trabajaba como peón en una obra. En ese mismo momento le ofrecieron comprar una casa.

    Le pedían un total de 500.000 pesetas por ella.

    Decidió no arriesgar y continuar viviendo en régimen de alquiler, en unas condiciones muy buenas.

    Se trataba de una casa modesta pero muy bien ubicada, en pleno centro de un pueblo cercano a la capital.

     A los pocos meses mi padre y mi madre compraron un terreno en otro pueblo de la misma provincia y en menos de cinco años de esfuerzo ya habían levantado y pagado una vivienda de 120 m².

    Han pasado 27 años.

    En 2006 y en el mismo pueblo donde viven, un piso modesto de 75 m² a las afueras no se encuentra por menos de 35 millones de pesetas, y estoy siendo muy generoso.

    En el año 1979 el coste de un piso era del orden de 14 mensualidades de un peón de obra.

     38.000 pts/mes x 14 meses = 532.000pts.

    El sueldo en 2006 de un universitario recién titulado en ingeniería informática sin experiencia profesional no llega a las 200.000 pesetas mensuales.

     En el año 2006 una vivienda modesta cuesta 175 mensualidades (14 años!!!!) de un ingeniero informático.(que no todo@s lo somos)

    200.000 pts/mes x 175 meses=35.000.000 pts.

    Los jóvenes de hoy necesitaríamos cobrar 2,5 millones de pesetas mensuales para estar en igualdad de condiciones con nuestros padres que compraron una vivienda a principios de los años 80.

    2.500.000 pts/mes x 14 meses = 35 Mill. de pts

    Los pisos en el año 2006 deberían costar 2,8 millones de pesetas para que los jóvenes de hoy estemos en igualdad de condiciones con nuestros padres en 1979.


    200.000 pts/mes x 14 meses = 2.800.000 pts

     

    No encuentro adjetivo alguno en el año 2006 para calificar lo que mi padre consideró
    arriesgado en 1979.

    Está claro que los pisos no van a pasar a costar de la noche a la mañana 30 veces menos, de 35 a 3 millones.

    También está claro que no voy a cobrar 2,5 millones de pesetas mensuales, por muy buen trabajo que encuentre y por muchos estudios que tenga.

    Lo unico que se le ocurre a uno es seguir viviendo en casa de sus padres y ahorrar el 100% del sueldo durante los próximos 14 años, para el año 2020 (yo rondaré ya los 40 años de edad) tendré el dinero suficiente para comprar una vivienda al coste del año 2006 pero, por supuesto, no al coste del año 2020.

    Evidentemente esta ocurrencia la desecha uno antes de hacer cualquier cálculo.
    Aunque un joven bien-intencionado consiga ahorrar 2, 4 o 6 millones con mucho
    esfuerzo en pocos años, a día de hoy nunca podrán evitar:

    1) Pedir un préstamo al banco a 40 o 50 años (si consigues ahorrar 2, 4 o 6 millones puedes reducir el período a 35 - 45 años, pero 5 años no suponen prácticamente nada cuando estamos hablando de medio siglo de pago).

    Te darás cuenta de que no vives en una democracia sino en una dictadura.

    El dictador no se llama Francisco Franco, sino La Caixa, BSCH, Banc de Sabadell o, en general, 'la banca'.

    Ni siquiera tendrás la libertad de decir lo que piensas a, por ejemplo, tu jefe, no vaya a ser que cierre el grifo y no puedas pagar al dictador.

    2) La otra solución es pagar un alquiler de por vida. En este caso el dictador se llamará Juan García, José Pérez o Pablo el arrendador. La situación no es distinta a la 1).

    Después de esta reflexión ten la delicadeza de no decir a un joven o no tan joven que su problema es que no ahorra, eso fue válido para el año 1979, incluso era valido para algunos jóvenes en 1999, pero no en 2006, en 2006 sólo consigues cargarle con más impotencia, si cabe.....

    El esfuerzo de nuestros padres, sin duda alguna admirable, no era estéril, podían obtener una vivienda de propiedad en un período de 5 años.

     El mismo esfuerzo realizado por nosotros, los hijos, sólo llega para quizá reducir en 5 años una hipoteca de medio siglo. La vivienda nunca fue un objeto para enriquecerse, sino para vivir y es de lo poco material que sí necesitamos.

    La ley del libre mercado puede establecer el precio de los televisores de plasma al precio que quiera... yo no los compraré... pero nunca tuvimos que permitir que esa misma ley fijara el precio de la vivienda, porque tod@s Necesitamos vivir en una y no todos podemos pagarla.

    Los jóvenes, incluso aquellos que tenemos estudios superiores, no podemos competir.

    Forges, EL PAÍS, 2/5/2006

     

    Si quieres enterarte de la realidad del PROBLEMA informate antes...

    http://www.viviendadigna.org/

    Leido en Otromadrid

    Trabajos q deprimen... O deprimidos que trabajan....

     
    Hay trabajos que no son demasiado agradecidos. Hay otros que roban demasiado tiempo vital. E incluso hay empleos que permiten la realización personal, pero que están empañados por la actitud tiránica de jefes con los que es difícil tratar.

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    Sin embargo, el hecho de que entre el 15% y el 30% de los empleados españoles se sienta deprimido no se puede achacar solamente a estos motivos externos, que están en permanente cambio. Los expertos en psicología laboral señalan que este "profundo sentimiento de tristeza y de que la vida no tiene sentido" aparece cuando la persona se "encierra en sí misma" y "no es capaz de aceptar la realidad tal como es". 

    A finales del siglo XIX, el escritor ruso Máximo Gorki afirmó que "cuando el trabajo es un placer la vida es bella, pero cuando nos es impuesto, la existencia se convierte en una esclavitud". A pesar de su radicalidad, este aforismo sigue siendo válido para muchos trabajadores españoles, que no encuentran satisfacción en lo que hacen, pero que no les queda más remedio que hacerlo para poder sobrevivir.

    Sin embargo, dado que el trabajo forma parte de la experiencia humana, los expertos en psicología laboral sostienen que "lo inteligente es aceptar con una sonrisa lo que acontezca, al menos como remedio para no sentirse eternamente frustrado". Y no sólo eso. Estos especialistas añaden que "quien se queja constantemente de una situación difícil de cambiar, termina inevitablemente padeciendo las consecuencias de la depresión".

    Además del alto coste personal, este síndrome caracterizado por una profunda tristeza, apatía y ansiedad crónica- supone un desembolso anual de 750 millones de euros en bajas laborales, sin contar el impacto que tiene sobre la productividad de las empresas españolas, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

    Según varias descripciones médicas, hay dos tipos de depresión: "la endógena, que encuentra sus causas en la genética y que provoca cansancio y decaimiento crónico; y la exógena, derivada de la forma negativa en la que una persona percibe subjetivamente la realidad, por muy horrible que ésta sea". Los trabajadores aquejados por ésta última suelen creerse víctimas de sus condiciones laborales, pero esto sólo es cierto en algunos casos.

    Sentimiento de inutilidad

    king-crimson

    "La forma en la que están organizadas algunas empresas, en la que destaca la rigidez laboral y la jerarquía vertical, contribuyen a agravar la desidia y el sentimiento de inutilidad de los empleados susceptibles de caer en depresión", afirma el psicólogo clínico Alejandro Busto, formador y director de I+D del Instituto de Formación Avanzada (INFOVA).

    "Está más que comprobado que el estilo de liderazgo cohercitivo, basado en un autoritarismo que no tolera el error, que no fomenta el desarrollo personal y profesional y que ejerce mucha presión, sin respetar ni escuchar a los colaboradores, es en parte responsable de este síndrome psicológico", sostiene Busto, que dirige cursos para prevenirlo.

    "La pérdida del control del tiempo de trabajo", por otra parte, "hace sentir impotentes a muchas personas, que además se sienten aisladas en ambientes laborales extremadamente competitivos, en los que apenas se relacionan y acaban por sufrir en silencio este síndrome", sostiene Ángel Cárcoba, del departamento de Salud Laboral de CC OO.

    Pero más allá de las precarias condiciones laborales de muchos trabajadores no cualificados y de otros cuyas empresas les motivan a dedicar gran parte de sus días a sus ocupaciones profesionales, "la depresión aparece como consecuencia de la no aceptación continuada de la realidad laboral que cada persona ha escogido o que le ha tocado vivir", afirma el doctor Enrique González, psiquiatra consultor del hospital Gregorio Marañón, en Madrid, con más de 30 años de experiencia en este campo.

    Este tipo de personas no suelen ser víctimas de las condiciones externas de su trabajo, sino de sí mismas, apunta González. "En vez de centrar sus esfuerzos en querer cambiar lo que no depende de ellos, tienen que comprender que lo único que pueden modificar es su actitud interna", añade. A su juicio, la salud mental es un "triunfo" que se consigue cuando se comienza a ver lo "bueno y positivo" que ofrece cada puesto de trabajo, por muy difícil que esto parezca.

    "Quienes lo tienen más complicado son las personas en paro, cuya incertidumbre les introduce en un círculo vicioso muy negativo", concluye González, "en el que la culpa y la sensación de fracaso alimentan su tristeza, de la que a veces no logran escapar".

     

    BORJA VILASECA (El Pais)

    Libros que curan la apatia

     
     

    - LA VENGANZA DE DON MENDO, de Muñoz Seca. Divertida burla del teatro más aburrido y presuntuoso de su tiempo.

    - LA TESIS DE NANCY, de R. J. Sender. La España 'cañí' a través de los ojos de una estudiante norteamericana...

    - DE ACUERDO, JEEVES, de P.G. Wodehouse. Una entretenida serie sobre un pijo inglés y su mayordomo Jeeves.

    - NOTICIA BOMBA, de Evelyn Waugh. Un magnate envía por error a cubrir una guerra en África a un periodista de lo más inadecuado.

    - INSÓLITAS AVENTURAS DEL SOLDADO IVÁN CHONKIN, de V. Voinóvich. Un soldado tiene que custodiar un avión del Ejército Rojo en una remota aldea rusa.

    - WILT, de Tom Sharpe. Carcajadas a cargo de un profesor que enseña literatura a quien el destino niega todo posible ascenso.

    - LA CAÍDA DEL MUSEO BRITÁNICO, de David Lodge. Obsesiones y fracasos de Adam Appleby, casado y buen católico.    

    - LA CONJURA DE LOS NECIOS, de J.K. Toole. El mundo está contra Ignatius Reilly, un excéntrico y mordaz personaje 

    - EL FANTASMA DE CANTERVILLE, de Oscar Wilde. La cómica frustración de un fantasma inglés torturado por una pragmática familia estadounidense.

    - SIN NOTICIAS DE GURB, de E. Mendoza. El absurdo abordado desde los ojos de unos curiosos alienígenas que investigan la Tierra.

    - MÁXIMAS MÍNIMAS, de E. J. Poncela . 535 carcajadas por 535 aforismos sobre el amor, la vida, la muerte, el hombre, la mujer...

    - GUÍA DEL AUTOESTOPISTA GALÁCTICO, de D. Adams. Inusitadas y divertidas historias marcianas a través de las galaxias.

    - LO MEJOR QUE LE PUEDE PASAR A UN CRUASÁN, de Pablo Tusset. Un treintañero inadaptado en un barrio pijo de Barcelona y metido a detective.

    - EL COLOR DE LA MAGIA, de Terry Pratchett. Primero de la hilarante serie del Mundodisco

    - GARGANTÚA, de F. Rabelais. Las aventuras y desventuras de dos gigantes, narradas con  mucha irreverencia narrativa.

    - ALTA FIDELIDAD, de Nick Hornby. Divertida disección de un Peter Pan adicto al pop que regenta una tienda de vinilos en Londres. (Gracias, Armstrongfl, por esta receta milagrosa que me arrancó de un día gris.)

    - LOS PAPELES PÓSTUMOS DEL CLUB PICKWICK, de Dickens. El filántropo S. Pickwick monta un club para recorrer Inglaterra junto a sus excéntricos colegas.

    - MI FAMILIA Y OTROS ANIMALES, de Gerald Durrell. Impagable galería de personajes tan cautivadores como estrafalarios.

    - HAPPINESS TM, de Will Ferguson. Despiadada sátira del poder de los mcm, de la industria de la autoayuda y de la credulidad de la gente.

    MYRA BRECKINRIDGE, de Gore Vidal. Una desbocada transexual dispuesta a conquistar Hollywood y a lograr un mundo gobernado por amazonas como ella.

    PROSPECTO:

    Los títulos citados están indicados por Regina ExLibris para estados carenciales de alegría y episodios de apatía congénita. También son adecuados para prevenir depresiones, desconectar de una rutina plomiza y recuperar la armonía con el entorno. Las dósis son ilimitadas y su ingesta masiva no produce efectos secundarios más allá de ataques de risa y sonoras carcajadas. No producen somnolencia pero sí reactivan las ganas de vivir.